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Lesión de menisco: dolor e inflamación en la rodilla

Lesión de menisco: síntomas, diagnóstico y tratamiento

  • Publicado: 25 de junio de 2026
  • Revisado por: Dr. Juan Carlos Ramos Salguero
  • Categoría: Rodilla

¿Qué es el menisco y qué tipos de lesión existen?

Los meniscos son dos estructuras de fibrocartílago con forma de media luna situadas dentro de la rodilla, uno interno (medial) y otro externo (lateral). Actúan como amortiguadores: distribuyen las cargas entre el fémur y la tibia, estabilizan la articulación y disminuyen la fricción durante el movimiento. Sin ellos, la presión se concentra en puntos muy pequeños del cartílago articular y se acelera el desgaste.

Una lesión de menisco es un desgarro o rotura de este fibrocartílago. Puede afectar a la zona periférica (zona roja, con buena irrigación y capacidad de cicatrizar), al cuerpo central (zona roja-blanca) o a la zona interna (zona blanca, sin irrigación y con escasa capacidad de reparación). Según su forma, las roturas pueden ser longitudinales, en asa de cubo, radiales, en colgajo, horizontales o degenerativas. Esta clasificación es importante porque condiciona si la lesión es reparable o requiere resección.

¿Cuáles son las causas de la lesión de menisco?

Las lesiones meniscales tienen dos grandes grupos de causas. En personas jóvenes suelen ser traumáticas: un giro brusco con el pie apoyado, una parada brusca, un cambio de dirección en el fútbol, el baloncesto o el esquí, o una caída con la rodilla flexionada y rotada. Con frecuencia se asocian a otras lesiones, como la rotura del ligamento cruzado anterior. En personas mayores la lesión suele ser degenerativa: el menisco pierde elasticidad y consistencia con los años, y un gesto mínimo (agacharse, levantarse, arrodillarse) puede bastar para desgarrarlo. También los microtraumatismos repetidos de ciertos trabajos o deportes contribuyen a este desgaste.

Síntomas de una lesión de menisco

El cuadro típico de una rotura meniscal traumática incluye un chasquido o crujido en el momento del giro, dolor intenso, derrame e inflamación de la rodilla en las horas siguientes. Con frecuencia el paciente nota bloqueo de la rodilla: no puede extenderla del todo, como si un objeto se interpusiera en la articulación (típico del asa de cubo). Otras veces predomina la sensación de inestabilidad o de fallo al cargar peso.

En las lesiones degenerativas el dolor es más difuso y progresivo, con molestias al subir y bajar escaleras, al arrodillarse o al ponerse en cuclillas, y puede acompañarse de derrames de repetición sin un traumatismo claro.

Diagnóstico de la lesión de menisco

El diagnóstico comienza con la historia clínica y la exploración física, en la que el traumatólogo valora el mecanismo de la lesión y realiza maniobras específicas (como las pruebas de McMurray y de Apley) que reproducen el dolor o el chasquido meniscal. Para confirmar la lesión, su extensión y su localización se solicita una resonancia magnética (RMN), la prueba de imagen de elección para el menisco, que además permite valorar el cartílago, los ligamentos y los tendones de la rodilla en el mismo estudio. En ocasiones una radiografía simple ayuda a descartar fracturas o a valorar el grado de desgaste articular asociado.

El diagnóstico diferencial es importante: síntomas parecidos pueden deberse a una lesión del ligamento cruzado anterior, a una lesión del cartílago (condropatía u osteocondritis) o a un problema rotuliano. Por eso la resonancia se valora de forma conjunta con la exploración: la combinación de ambas es lo que permite planificar el tratamiento correcto en cada caso.

Tratamiento conservador de la lesión de menisco

No todas las lesiones de menisco requieren cirugía. Las roturas pequeñas, estables y sin bloqueo, así como las degenerativas en pacientes mayores, pueden tratarse de forma conservadora con reposo relativo, hielo, analgésicos y antiinflamatorios durante la fase aguda y, a continuación, un programa de ejercicios de rehabilitación para recuperar la movilidad y reforzar el cuádriceps, que es el gran protector de la rodilla. Las infiltraciones ecoguiadas de ácido hialurónico o de PRP pueden ayudar a controlar la inflamación y favorecer la recuperación en casos seleccionados. Lo importante es individualizar: el plan de tratamiento depende de la edad, el tipo de rotura, la actividad del paciente y los síntomas.

Tratamiento quirúrgico: cuándo operar y cómo

La cirugía está indicada cuando hay bloqueo articular, inestabilidad, dolor que no cede con el tratamiento conservador o una rotura de buen pronóstico en un paciente joven y activo. La técnica de elección es la artroscopia de rodilla: mediante 2-3 incisiones de menos de un centímetro, el cirujano introduce una microcámara e instrumental fino para tratar la lesión viendo toda la articulación en el monitor.

Dentro de la artroscopia hay dos grandes opciones. La sutura meniscal, que repara el menisco cuando la rotura está en la zona con irrigación, es la opción preferida en pacientes jóvenes porque conserva la función amortiguadora del menisco y protege el cartílago a largo plazo. La meniscectomía parcial reseca solo el fragmento roto y desestabilizado, reservándose para roturas en zonas sin capacidad de cicatrización o en pacientes de mayor edad. En casos extremos de lesión irreparable en pacientes jóvenes se puede plantear el trasplante meniscal.

Recuperación tras la cirugía de menisco

La recuperación depende del procedimiento realizado. Tras una meniscectomía parcial, la mayoría de pacientes apoyan la pierna en 24-48 horas y vuelven a su actividad normal en 4-6 semanas, con deportes de contacto a partir de las 6-8 semanas. Tras una sutura meniscal, el protocolo es más protector: muletas durante varias semanas, limitación de la flexión y un plan de rehabilitación más gradual, con vuelta al deporte de impacto en torno a los 4-6 meses, según la zona suturada y la evolución.

En cualquier caso, la rehabilitación con fisioterapia es imprescindible para recuperar la movilidad, la fuerza del cuádriceps y la propiocepción de la rodilla. El descuido de esta fase es la causa más frecuente de resultados subóptimos tras la cirugía meniscal.

Complicaciones de una lesión de menisco no tratada

Dejar una rotura meniscal sintomática sin tratamiento tiene consecuencias a medio plazo. Un menisco roto deja de amortiguar la carga: la presión se concentra sobre el cartílago articular y acelera su desgaste, de modo que una lesión meniscal mal manejada puede desembocar en artrosis de rodilla años antes de lo esperado. Además, una rotura con fragmento inestable puede producir bloqueos repetidos, derrames crónicos y debilidad del cuádriceps por el dolor, lo que empeora la función global de la rodilla. Por eso, en pacientes jóvenes y activos, la sutura meniscal se prefiere siempre que la rotura lo permita: conservar el menisco es la mejor protección del cartílago a largo plazo.

¿Cómo prevenir las lesiones de menisco?

La prevención se basa en fortalecer la musculatura del cuádriceps y los isquiotibiales, que protegen la rodilla en los giros y cambios de dirección; en mejorar la técnica de aterrizaje y los gestos deportivos; en un calentamiento adecuado antes de la actividad; y en controlar el peso corporal, ya que el exceso de peso aumenta la carga sobre los meniscos. En deportes de giro, los programas de propiocepción y equilibrio reducen el riesgo de lesiones de rodilla en general, incluido el menisco.

¿Cuándo acudir al traumatólogo?

Debe consultar a un traumatólogo si, tras un giro o esfuerzo de la rodilla, presenta dolor que no cede, inflamación importante, bloqueo o sensación de fallo/inestabilidad, o si sufre derrames de repetición. Un diagnóstico temprano permite decidir entre tratamiento conservador y quirúrgico en el momento adecuado, y evita que una lesión menor progrese hacia un desgaste mayor de la rodilla.

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Última revisión: 2026-06-25

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